Las ferias del pasado



Exposición bovina realizada antiguamente en el parque principal

Quisimos saber cómo era esta celebración décadas atrás, por tal razón conversamos con Marco Fidel Moreno una memoria histórica aún andante en nuestro municipio. Don Marco, nacido en Tocancipá pero criado en Sopó tiene 82 años y siempre ha estado involucrado con el ambiente político y social de esta comunidad. Él cuenta que hacia los años 1946 y 1947 las ferias se celebraban en la plaza principal donde ahora es el parque central, la gente en vez de poncho usaba ruana y cachucha, los oligarcas llevaban sombrero, y algunos más elegantes se vestían de paño y corbata para la celebración. Pero todos tomaban aguardientico, wisky, brandy; la cerveza de la época era la Bohemia, también se tomaba el cabrito. La chicha y el guarapo eran de pura cebada.

Fidel Moreno: Algo que me parecía trascendental en esos tiempos era empezar las fiestas con nuestro patrón, Mi Padre Jesús, el 3 de diciembre, ese día decorábamos una carroza inmensa para ser manejada por más de 25 personas, había misa, procesión, sermón, orquestas y se observaba a la romería de gente llegar en los trenes, gente de Boyacá, del Tolima. El 16 de diciembre tenía lugar la fiesta que era patrocinada por el municipio. En una época don Luis Rodríguez patrocinó los juegos de pólvora. La feria era maravillosa, los campesinos traían sus vacas, las ordeñaban y recibían sus premios, premios para ellos no para los señores gamonales, como se ve ahora. La propaganda de las fiestas era transmitida por radio Santa Fé, mucho después vino Radio Melodía, la gente era muy colaboradora y nos hacían publicidad de balde.


El toro que mató a un alcalde


Los soposeños de la época en la entrada de la tienda donde salio el toro

En esa época no había plaza de toros, cuenta don Marco, “entonces los asistentes formábamos una barrera humana y sin cobrar un centavo a nadie todos presenciábamos el espectáculo. Los dueños de las casas con balcones dejaban entrar a la gente y observar desde allí, era algo muy divertido y ameno. Las bandas eran de primera y eso también le da importancia y valor a una corrida. Don Guillermo Bejarano obsequiaba el ganado, cuando no, se tomaba en alquiler. Había la buena montada; traían toros de Mondoñedo. Al toro lo amarraban a un palo, lo provocaban y después se montaba el cliente que fuera, el animal partía como los diablos, pero la gente era guapa”Don Marco Fidel también contó que en la década de los cuarenta, no recuerda exactamente el año, la alcaldía estaba a cargo de don Sixto López Lleras, de los “Lleras” pesados dice.

El mandatario se encontraba tomando unos traguitos en una tienda ubicada en donde ahora está el banco, y dijo a sus camaradas “si no hay muerto, no están buenas las fiestas”. En ese momento el toro de la corrida salió del improvisado ruedo, entró a la tienda, cruzó el billar, llegó a la mesa del alcalde y como queriendo acatar su orden dio validez a la proclama ¡el alcalde ha muerto! comentaron los espectadores.

De paso fino
En cuanto a las cabalgatas don Marco comentó: “Ud. no me va a creer, pero aquí traían un caballo enorme, que bailaba divinamente, así como bailan las mujeres. Y le decían “acuéstese” y él se acostaba, “muérase” y el caballo se moría”. Las apuestas no se hacían esperar con el espectáculo del ejemplar, y cuando todos habían dado por muerto al equino, alguien gritaba “párese” y como todo un rocinante pegaba el brinco y en postura elegante continuaba el desfile con paso fino. Así eran las ferias del ayer, el tiempo cumple con lo suyo, la conclusión de si toda fiesta pasada fue mejor le corresponde a usted señor lector.

Artículo escrito por Carolina Cano y publicado en el periódico El Hablador en diciembre de 2005